lunes, 9 de mayo de 2011

Unmade Beds

Alexis Dos Santos, 2009.

Axl es un veinteañero que viaja a Londres con la intención de encontrar a su padre, un inglés que se marchó siendo él un niño y no volvió a dar señales de vida. En su viaje, repleto de alcochol y sexo, pasa por varias camas hasta que acaba en una especie de almacén en el que viven de okupas otros jóvenes bohemios interesados por el arte. Pronto Axl trabará amistad con Mike y Hannah con los que formará un trío alegre y desinhibido. Axl es bisexual y se enamora de Mike cuya amistad confunde con otra cosa.


En la misma casa vive una chica francesa llamada Vera que se encuentra tan perdida como Axl después de haber tenido una decepción amorosa reciente. Antes de que los caminos de ambos se crucen, Vera mantendrá una serie de encuentros sexuales con otro chico del que no sabe ni quiere saber nada, relación que tiene resonancias con El último tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972). 

Axl encuentra a su padre, un agente inmobiliario con el que establece una ambigua relación comercial. Mientras, el joven deambula por un Londres nocturno de bar en bar y de pedo en pedo, intentando componer su identidad. Suele olvidar lo que ha ocurrido durante sus borracheras, pero cuando conoce a Vera en una fiesta de disfraces en la casa, esta hace una foto para que recuerde el momento. 


Esta historia de jóvenes vagabundos en busca de sí mismos está filmada con un estilo fresco y poético. Sus imágenes están llenas de una extraña belleza y el director argentino sabe mantener el interés para mostrarnos un mundo abierto, original e imaginativo, donde no caben prejuicios ni formas de vida convencionales.  

jueves, 5 de mayo de 2011

Inside Job

Charles Ferguson, 2010.


Cualquier ladrón enjuiciado asegurará con vehemencia ante el juez que no volverá a robar. Esto es lo que cuenta un fiscal durante uno de los procesos que se siguieron contra los responsables del derrumbamiento del sistema financiero de hace unos años. Así mismo estos imputados reconocen con tranquilidad que se cometieron ciertos excesos, pero que han aprendido bien la lección y que no se va a repetir. Esas mismas personas que se sentaron para responder con evasivas sobre sus desfalcos son las que ahora siguen controlando los distintos organismos y bancos que marcan el futuro económico de todos. 

Posiblemente nadie se sorprenda de esto, vivimos en un mundo donde el cinismo económico se acepta con resignación. También se bendicen a unos gobiernos que bajo la chaqueta del populismo esconden los hilos manejados por las grandes corporaciones. Nada nuevo nos descubre este documental, pero es divertido, nos entretiene. Primero porque nos explica de una manera sencilla lo que otros nos han querido ocultar bajo el pretexto de que la reglas y leyes que rigen la dinámica financiera son muy complicadas. Aquí comprendemos que la llamada ingeniería financiera no es más que el eterno timo de la estampita.  Resulta patético observar cómo los protagonistas de este entramado turbio y mezquino tratan de excusarse y de aparentar integridad, cuando no rechazan directamente ser entrevistados, somos muy tontos para entender sus mentes privilegiadas. Pues bien, lo entendemos, sabemos que la avaricia desmedida de unos cuantos puede afectar a países enteros. Es lo que tiene la globalización. Sabemos que mientras ellos se pelean por ser el que más aviones aparcados tiene en su aeropuerto privado, hay mucha gente que se ve en la calle porque ya no puede pagar su hipoteca. Pero, ¿hay otra alternativa? Quizás sea una utopía imaginar un sistema más justo, un capitalismo social, donde el dinero se convierta en un bien común, en una herramienta, no en un fin en sí mismo.      

martes, 3 de mayo de 2011

Des Hommes et des Dieux

Xavier Beauvois, 2010.

En unos tiempos como los actuales en los que nos empachan de televisión basura, de cine vacío donde el espectáculo cada vez es más infantil y de imágenes cuyo mensaje principal es el mercantil, una película como esta resulta sorprendente y necesaria. Y quede claro desde el principio que no me considero una persona religiosa, ni creo que la religión sea el tema fundamental de esta película cuyo título en francés, no como ocurre con la descuidada traducción al español, pone en primer lugar a los hombres, después a los dioses. Dioses que, en todo caso,  actúan como espectadores que no se manifiestan, si no es a través de las distintas creencias de los personajes.

Una comunidad de monjes franceses viven en un convento, cerca del Atlas argelino, de una manera austera y humilde. Sus ritos religiosos no van en detrimento de una vida más mundana totalmente integrada en una comunidad musulmana en la que participan y ayudan en lo que pueden. Sin embargo, la amenaza del fundamentalismo islámico acecha cerca de los territorios en los que conviven pacíficamente. Cuando un terrorista es herido en una emboscada con el ejército lo llevan al convento donde el médico de la congregación tiene que curarlo. A partir de entonces son asediados también por un ejército que los vigila.  



El dilema moral surge cuando el peligro de sus vidas se hace patente y tienen que decidir si permanecen en el monasterio llevando su entrega hasta sus últimas consecuencias o huyen de la amenaza. La duda se apodera de algunos y las tensiones crecen dentro del grupo. En una secuencia muy emotiva, los monjes aceptan y asumen una decisión valiente que surge de una manera natural, incluso llena de alegría, lejos de prejuicios religiosos y desde una humanidad llena de dignidad ante un destino trágico. No es necesario ser religioso para sentirse cerca del drama al que se enfrentan estos hombres, la aceptación de su propia muerte como símbolo de cordura y coherencia en un mundo que ha perdido el rumbo. 

Con un estilo cercano y respetuoso que busca la verdad en los rostros y las miradas de sus personajes, el director construye una de las películas más interesantes del último año, por la que mereció el Gran Premio del Jurado en Cannes. Algunos verán su ritmo pausado como una carga insoportable, pero su lentitud está preñada de tensión y de drama humano, más terrenal de lo que aparenta su sustrato espiritual.

jueves, 28 de abril de 2011

Dalla nube alla resistenza

Danièle Huillet, Jean-Marie Straub, 1979.

Basada en los textos de Cesare Pavese, la pareja de directores franceses, fieles a su estilo sobrio y austero, nos muestran distintos pasajes en los que hay un respeto reverencial al texto en el que se basan. No hay un hilo argumental ni una estructura narrativa convencional. La película se divide en dos partes. La primera parte se centra en la obra Diálogos con Leucò (Pavese, 1947) que narra una serie de pasajes de mitología clásica. En la segunda parte, basada en La luna y las fogatas (Pavese, 1950), vemos a un hombre que habla con distintos habitantes de su pueblo natal al que vuelve después de la Segunda Guerra Mundial. Los planos suelen ser fijos con dos o tres personajes recitando textos de la obra de Pavese o hablando entre sí. 

No hay ninguna concesión al espectáculo o al entretenimiento popular. Su rigor intelectual es honesto, aunque puede resultar aburrido si no se tiene un cierto interés por las fuentes de las que bebe su cine. En mi caso, por pura curiosidad quise terminar de verla y conocer a esta pareja de directores de la que había oído hablar bien. Su estilo es, desde luego, muy personal, pero es un tipo de cine que requiere mucho esfuerzo por parte del espectador. Eso o simplemente dejarnos llevar por unas imágenes y unos diálogos que nos permiten estar pensando en nuestras cosas sin perder el hilo. 

lunes, 25 de abril de 2011

Stalker

Andrei Tarkovsky, 1979.

Esta película es triste. No porque sea un dramón, ni porque muera algún personaje al que se le tome cariño, sino porque destila tristeza y pesadumbre existencial por todos los poros. 

La historia que nos cuenta el malogrado director ruso es la de un guía y dos turistas que se adentran en la llamada Zona, lugar al que se le atribuyen poderes mágicos desde que cayó un meteorito. Se trata de un territorio misterioso en el que se producen fenómenos extraños, como cambios repentinos del terreno, y donde es difícil entrar debido a que está prohibido por el ejército. Sólo algunas personas, llamadas Stalkers, pueden servir de guías dentro de este lugar, del que de otra forma es imposible salir con vida. En un edificio hay un cuarto del que se dice que concede los deseos más profundos de las personas que entran allí. 


A partir de esta premisa Tarkovsky construye una gris y solemne película de ciencia ficción que sirve de vehículo para filosofar sobre el universo, la pérdida de la espiritualidad y lo místico en el mundo y sobre los miedos y los deseos más ocultos del hombre. Pero todo esto, hecho con cierto humor, podría resultar más entretenido, menos triste. Si bien es cierto que el director ruso está considerado como un poeta de las imágenes, tanta gravedad puede resultar indigesta para un público no advertido. En la película hay escenas de una gran belleza visual, pero que nadie espere otra cosa, es seria, reflexiva y tiene un peso trascendental un tanto oscuro. Quizás influyó en el tono de la película el hecho de que el director no se encontraba en su mejor momento. Tuvo que rodar la película de nuevo después de que un accidente en el laboratorio fotográfico destruyese la película entera. Se dice que pasó una temporada en un sanatorio debido a la depresión que se apoderó de él. Cuando finalmente se decidió a rodarla de nuevo, lo tuvo que hacer con un presupuesto mucho más reducido y las dificultades había que solventarlas a base de imaginación y mucho tesón. El resultado es una elegía a la pérdida de lo mágico en el mundo. 

miércoles, 13 de abril de 2011

My Darling Clementine


John Ford, 1946.

El western en Ford no es solo violencia, es algo más rico e interesante. Para él, interesado en la historia más reciente de su país, se trata de un entorno perfecto para hablar sobre la organización de las comunidades y sus rituales, la familia y el mantenimiento del orden. Y en paralelo revitalizar y dignificar un género que con él se hizo adulto. Aquí nos cuenta la historia del famoso duelo en OK Corral entre los Earp y los Clanton. Wyatt Earp acepta el cargo de sherif en Tombstone después de que su hermano pequeño sea asesinado y su ganado robado. En el pueblo la ley del más fuerte parecía haberse adueñado de la convivencia. La familia Clanton campaba a sus anchas cometiendo delitos impunemente. Sólo Wyatt parece tener el valor de frenarle los pies. Por otro lado, el enfermo Doc Holliday entabla amistad con los Earp y no duda en ayudarlos cuando las cosas se ponen feas entre los dos clanes. La película está filmada con una economía de recursos y un equilibrio de plano que sólo la maestría de Ford podía conseguir. La épica tampoco falta en un film que es muy superior a otras revisiones de la misma historia.  


martes, 5 de abril de 2011

Singularidades De Uma Rapariga Loura

Manoel de Oliveira, 2009.

Oliveira es un director portugués con más de cien años. Y sigue haciendo cine. Su estilo pausado y reflexivo le permite detenerse en aquello que le interesa, el ser humano. En esta película nos relata la historia de un amor a primera vista y, al mismo tiempo y aunque sea paradójico, ciego. Una sola imagen basta para que un joven se enamore perdidamente. Una chica rubia apoyada en el alféizar de su ventana agita seductoramente un abanico chino.  El joven, que trabaja en el despacho de la empresa de su tío, idealiza tanto al objeto amado que pasa por alto algunos defectillos de la chica. Su tío le cuenta que la angelical rubia ha robado en su tienda y que no le permitirá que se case con ella. En su romántica obsesión rompe los lazos con su tío para aclarar el camino hacia su amada. Sin embargo, quiere labrarse un futuro profesional para poder ofrecer a la rubia un matrimonio desahogado y acepta un trabajo en Costa Verde. Marca el ritmo de su vida en función de una imagen idealizada para luego darse de bruces con una realidad tozuda. Y es que la chica es cleptómana. 

Oliveira nos sumerge en el mundo de la burguesía lisboeta con un estilo refinado y un tanto teatral. Aspecto este que provoca en el espectador una sensación de extrañamiento acentuada por una visión quizás caduca del amor. No deja de ser una película interesante, aunque me gustó más Belle Toujours (Oliveira, 2006), que retomaba, veinte años después, la relación de la pareja protagonista del film del magistral Luis Buñuel. Olivera sigue haciendo cine con pasión y con un insobornable estilo personal.