Comedia romántica con toques melodramáticos que está por encima de la media gracias a unos diálogos ingeniosos y a unos actores en estado de gracias, principalmente Christopher Plummer, ganador de la estatuilla por su interpretación de Hal, un viudo que decide salir del armario y aprovechar sus últimos años de vida buscando el amor y la pasión junto a hombres más jóvenes que él. Su hijo Oliver, interpretado por Ewan McGregor, es un creativo que ha fracasado en sus relaciones sentimentales por ser incapaz de comprometerse. Cuando su padre muere de cáncer, Oliver entra en una crisis personal que le hace reflexionar sobre su pasado y replantearse su vida. En una serie de flashbacks vemos cómo vivió los últimos meses con su padre enfermo y cómo se fue al garete una relación con una actriz francesa que parecía ser su media naranja. El director y guionista, Mike Mills, construye una película sin demasiadas pretensiones, pero que sabe retratar el estado anímico de una generación que rehuye la responsabilidad y que se encuentra perdida ante los nuevos modelos sociales.jueves, 15 de marzo de 2012
Beginners
Mike Mills, 2010.
Comedia romántica con toques melodramáticos que está por encima de la media gracias a unos diálogos ingeniosos y a unos actores en estado de gracias, principalmente Christopher Plummer, ganador de la estatuilla por su interpretación de Hal, un viudo que decide salir del armario y aprovechar sus últimos años de vida buscando el amor y la pasión junto a hombres más jóvenes que él. Su hijo Oliver, interpretado por Ewan McGregor, es un creativo que ha fracasado en sus relaciones sentimentales por ser incapaz de comprometerse. Cuando su padre muere de cáncer, Oliver entra en una crisis personal que le hace reflexionar sobre su pasado y replantearse su vida. En una serie de flashbacks vemos cómo vivió los últimos meses con su padre enfermo y cómo se fue al garete una relación con una actriz francesa que parecía ser su media naranja. El director y guionista, Mike Mills, construye una película sin demasiadas pretensiones, pero que sabe retratar el estado anímico de una generación que rehuye la responsabilidad y que se encuentra perdida ante los nuevos modelos sociales.
Comedia romántica con toques melodramáticos que está por encima de la media gracias a unos diálogos ingeniosos y a unos actores en estado de gracias, principalmente Christopher Plummer, ganador de la estatuilla por su interpretación de Hal, un viudo que decide salir del armario y aprovechar sus últimos años de vida buscando el amor y la pasión junto a hombres más jóvenes que él. Su hijo Oliver, interpretado por Ewan McGregor, es un creativo que ha fracasado en sus relaciones sentimentales por ser incapaz de comprometerse. Cuando su padre muere de cáncer, Oliver entra en una crisis personal que le hace reflexionar sobre su pasado y replantearse su vida. En una serie de flashbacks vemos cómo vivió los últimos meses con su padre enfermo y cómo se fue al garete una relación con una actriz francesa que parecía ser su media naranja. El director y guionista, Mike Mills, construye una película sin demasiadas pretensiones, pero que sabe retratar el estado anímico de una generación que rehuye la responsabilidad y que se encuentra perdida ante los nuevos modelos sociales.jueves, 8 de marzo de 2012
El Resplandor
The Shinning
Stanley Kubrick, 1980
Con la ceremonia de los Oscar todavía reciente, es conveniente recordar que Stanley Kubrick nunca recibió un Oscar al mejor director. Tampoco Charlie Chaplin, ni Orson Welles, ni Alfred Hitchcock, ni Fritz Lang, ni un largo etcétera de directores ninguneados por la Academy simplemente por ser rebeldes, por defender su independencia artística. Por otro lado, las últimas ganadoras de la estatuilla a la Mejor Película puede que sean obras apreciables, pero resulta discutible si son las que pasarán a la historia frente a otras obras más valientes y complejas como The Tree Of Life (Terrence Malick, 2011), por poner un ejemplo de este año. Pero ese es otro tema.
Para terminar, Kubrick mantiene las líneas que han marcado sus obras y reflexiona también sobre el desmoronamiento de la civilización, representada aquí en la institución de la familia. También vemos reflejado el determinismo al que se ve sometido el ser humano, como si su destino estuviera escrito de una manera trágica. Así lo quiere expresar con esa imagen última de la película en la que vemos a Jack formar parte de una fotografía tomada en el hotel en 1929. La historia se repite, la maldición como un eterno retorno.
Stanley Kubrick, 1980
Con la ceremonia de los Oscar todavía reciente, es conveniente recordar que Stanley Kubrick nunca recibió un Oscar al mejor director. Tampoco Charlie Chaplin, ni Orson Welles, ni Alfred Hitchcock, ni Fritz Lang, ni un largo etcétera de directores ninguneados por la Academy simplemente por ser rebeldes, por defender su independencia artística. Por otro lado, las últimas ganadoras de la estatuilla a la Mejor Película puede que sean obras apreciables, pero resulta discutible si son las que pasarán a la historia frente a otras obras más valientes y complejas como The Tree Of Life (Terrence Malick, 2011), por poner un ejemplo de este año. Pero ese es otro tema.
Kubrick está en el Olimpo de los mejores directores de la historia del cine, pero en su día no fue comprendido por el público, ni valorado por la crítica. 2001: A Space Odyssey(1968) fue tachada de aburrida y hermética, A Clockwork Orange (La Naranja Mecánica, 1971) fue atacada por puritanos y conservadores, Barry Lyndon (1975) fue un total fiasco comercial que puso en una delicada situación la independencia del genial director. Precisamente para recuperarse del batacazo que supuso esta última, Kubrick abordó un proyecto que parecía más acorde a los gustos del público de la época, una película de terror, basada en una obra de Stephen King, The Shining. Stanley prefería adaptar obras mediocres para poder mejorarlas con un trabajo intenso de documentación y añadiendo su toque personal. Aunque a simple vista, pueda parecer una de las películas más convencionales del meticuloso y perfeccionista director, en realidad se trata de una de sus obras más personales.
Todo el mundo conoce la historia, esos fantasmas que regresan una y otra vez para hacer cumplir la maldición del hotel Overlook, construido sobre un cementerio indígena. Pero a los motivos sobrenaturales, fantasiosos, y que sirven para hablar sobre la muerte y el más allá, se unen otros más mundanos, y de hecho, más significativos. Las relaciones familiares forman una pieza clave en esta obra magistral. Freud es una importante referencia para definir los personajes y sus conflictos, e incluso para buscar el tono siniestro de la película. Kubrick estudió un ensayo del arquitecto del psicoanálisis sobre el tema, Das Umheimliche (Lo Ominoso, 1919). Además, el famoso complejo de Edipo está latente en una familia donde el personaje del padre, Jack Torrance, un escritor que ha superado sus problemas con el alcohol, se siente amenazado por su propio hijo, Danny, al que golpea y lesiona accidentalmente. Danny, a su vez, será el que conducirá a su padre poseído por el maléfico espíritu del hotel a la muerte, haciéndose patente uno de los elementos que componen el propio Edipo, es decir el deseo de la muerte del padre para ocupar su lugar.
Pero la complejidad de la película no acaba ahí, Kubrick despliega un imaginario que toca en el hueso del inconsciente colectivo. La eternidad reflejada en ese mundo de fantasmas que perviven en el hotel, los poderes paranormales como la telepatía de algunos personajes, la simetría en todos los decorados como por ejemplo en el laberinto que a su vez funciona como resonancia mítica, los dobles en esas gemelas siniestras, en el camarero que hace las veces de alter ego de Jack o en el dedo de Danny que habla para expresar lo que él no puede, el arte como proceso catártico expresado en un escritor incapaz de dar rienda suelta a su creatividad, lo que causa su caída. Todo forma parte de un entramado que prefigura una obra de una potencia visual y sugestiva asombrosas.
Hay también muchas curiosidades que rodean a The Shining. La habitación donde se esconde un poder maléfico, en el libro era la número 217, que en la película se cambió a la 237, para que el hotel que sale en la película pudiera seguir utilizándola para sus clientes. En cuanto a la actriz, Shelley Duvall, pasó un rodaje infernal debido a los reproches y presiones del director que le hacía repetir una y otra vez hasta conseguir lo que quería. Jack Nicholson no entendía por qué había escogido a esa actriz. Kubrick le contó que tenía que ser creíble el hecho de que una mujer no abandonase a un marido con tantos defectos. Y por eso había escogido una chica rara y con poco carácter. Hay otras curiosidades respecto al guión original. Por ejemplo, se eliminó una escena en la que el director del hotel iba a visitar a Danny al hospital y le entregaba la pelota que había rodado sola hasta el niño asustado. Eso daba a entender que el director estaba al tanto de todo lo que iba a pasar.
Para terminar, Kubrick mantiene las líneas que han marcado sus obras y reflexiona también sobre el desmoronamiento de la civilización, representada aquí en la institución de la familia. También vemos reflejado el determinismo al que se ve sometido el ser humano, como si su destino estuviera escrito de una manera trágica. Así lo quiere expresar con esa imagen última de la película en la que vemos a Jack formar parte de una fotografía tomada en el hotel en 1929. La historia se repite, la maldición como un eterno retorno.miércoles, 29 de febrero de 2012
Tinker Tailor Soldier Spy
El Topo, Tomas Alfredson, 2011.
Las películas de espías me aburren en general. Suelen ser tan frías como las guerras en las que se desarrolla la actividad de los servicios secretos. Con unas tramas complejas, donde es difícil discernir qué datos son relevantes y cuáles forman parte de las apariencias y los engaños, basan su interés en el reto intelectual que supone descubrir el quién, el cómo y el porqué. Aquí, el director sueco, Tomas Alfredson, autor de la estimable Déjame Entrar (2008), esa historia de vampiros que mezclaba el terror sanguinario con una historia de amor y acoso adolescente en los helados paisajes de Suecia, retoma la novela homónima de John Le Carré para desplegar su dominio en la construcción de atmósferas opresivas.
La trama se centra en las pesquisas del popular espía Smiley, interpretado por un contenido Gary Oldman, para encontrar al topo infiltrado en las filas del servicio secreto británico durante los años de la guerra fría. Con numerosos saltos temporales y flashbacks se van añadiendo piezas a un puzzle difícil de completar debido a las desconfianzas, las traiciones y las luchas internas en las que están sumergidos los miembros del grupo en el que trabaja Smiley. El interés se mantiene a duras penas, aunque ya he dicho que el género de espías nunca ha sido de mis favoritos.
jueves, 23 de febrero de 2012
Rio Bravo
Howard Hawks, 1959.
Uno de los mejores westerns de la historia del cine. La historia es simple pero funciona, los personajes están construidos con cuidado, arrastran un pasado que les otorga credibilidad y una complejidad que enriquece el desarrollo de la trama. El sheriff Chance, interpretado por un inolvidable John Wayne, y sus dos ayudantes, Dude el Borrachón, encarnado por Dean Martin, y el viejo cascarrabias Stumpy, retienen en su pequeña oficina a un cowboy acusado de asesinato, a la espera de que llegue el marshal con refuerzos y se lo lleven para juzgarlo. El hermano del retenido es un poderoso terrateniente que ofrece una suma importante de dinero a todo pistolero que se una al rescate de su hermano. A los tres defensores de la ley se les unirá un joven pistolero que les ayudará en su lucha suicida.
Howard Hawks, uno de los grandes directores americanos, consigue construir una obra maestra gracias a un equilibrio magistral entre la épica de una lucha desigual y el interés que despierta el destino de unos personajes memorables. Su integridad, su humanidad y su valentía, no exenta de las debilidades y las dudas que toda persona tiene que vencer ante las dificultades, es un poderoso motivo para dejarse seducir por este western. Además, la película está llena de toques humorísticos que sirven para relajar una atmósfera llena de tensión. Muy recomendable.
martes, 21 de febrero de 2012
Le Quattro Volte
Michelangelo Frammartino, 2010.
Esta película, que ha gozado de bastante éxito en distintos festivales por los que ha paseado su poética rústica, registra la vida en un pueblo donde no pasan grandes cosas. Un pastor moribundo cuida de sus cabras, un gran árbol es cortado y luego utilizado para las fiestas del pueblo y su madera es quemada posteriormente en hornos. No hay más, no es una película narrativa, es más bien contemplativa, sin diálogos, todo ocurre ante nosotros con una asombrosa naturalidad, a pesar de que su director asegura que por detrás había un guión y una cuidada planificación. En su concepción de la película pretendía mostrar una realidad más completa de la que se suele presentar en otras películas, donde el centro de todo suele ser el hombre. El ser humano y sus problemas. Su intención era romper con ese prejuicio antropocéntrico que se ha instalado en el cine convencional para enseñarnos una realidad en la que nosotros, los animales, los vegetales y los minerales, formamos parte de un conjunto en equilibrio. Todo ocurre de manera cíclica, la vida se repite y se recicla, la energía se transforma. Y dentro de este proceso misterioso e insondable, hay lugar para la magia, para el asombro de ver cómo la vida fluye ante nuestros ojos de una manera repetitiva, pero al mismo tiempo única.
Esta película, que ha gozado de bastante éxito en distintos festivales por los que ha paseado su poética rústica, registra la vida en un pueblo donde no pasan grandes cosas. Un pastor moribundo cuida de sus cabras, un gran árbol es cortado y luego utilizado para las fiestas del pueblo y su madera es quemada posteriormente en hornos. No hay más, no es una película narrativa, es más bien contemplativa, sin diálogos, todo ocurre ante nosotros con una asombrosa naturalidad, a pesar de que su director asegura que por detrás había un guión y una cuidada planificación. En su concepción de la película pretendía mostrar una realidad más completa de la que se suele presentar en otras películas, donde el centro de todo suele ser el hombre. El ser humano y sus problemas. Su intención era romper con ese prejuicio antropocéntrico que se ha instalado en el cine convencional para enseñarnos una realidad en la que nosotros, los animales, los vegetales y los minerales, formamos parte de un conjunto en equilibrio. Todo ocurre de manera cíclica, la vida se repite y se recicla, la energía se transforma. Y dentro de este proceso misterioso e insondable, hay lugar para la magia, para el asombro de ver cómo la vida fluye ante nuestros ojos de una manera repetitiva, pero al mismo tiempo única. Nadie dice que sea una película divertida, al menos en los cánones del entretenimiento convencional. Pero lo cierto es que atrapa en sus imágenes, como puede atraparnos la visión de un paisaje o una hormiga cargando una miga de pan. Muchos dirán que para ver una película así, mejor salir de casa y pasearse por el campo, meditar, conectar con la naturaleza. Totalmente de acuerdo, pero tampoco es tan duro dejarse llevar desde el cómodo salón de tu casa, permitir que otra persona nos acompañe por lo que él ha experimentado, por su visión.
miércoles, 15 de febrero de 2012
Moneyball
Bennett Miller, 2011.
Con lo que nos vamos a encontrar es con discusiones en vestuarios cochambrosos, reuniones de hombres de negocios que despliegan toda su malicia para conseguir sus objetivos y peleas estratégicas en despachos y en salas situadas en los subsuelos del estadio donde se juegan los partidos. Ahí es donde Sorkin despliega su oficio y nos apabulla con su profundo conocimiento de los engranajes del sistema que analiza. Eso sí, en esta ocasión no llega a la mordacidad y el ingenio conseguidos en el guión de Facebook. Para alguien que no conoce la jerigonza del béisbol, como es mi caso, puede haber ocasiones en que se pierda entre tanto base y pitch, pero la idea esencial es muy simple. El capitalismo es un sistema basado en el poder del dinero. Injusto porque pone difícil el éxito para quienes no poseen los recursos necesarios para competir con los que sí los tienen. Pero a partir de esa premisa, Sorkin se propone desmitificar ciertos lugares comunes y mostrarnos la existencia de atajos que conducen al éxito. Nos muestra que esos caminos están escondidos, pero que con audacia se pueden encontrar. También que la creatividad es un arma poderosa, más si va acompañada de una buena dosis de fortuna.
Aaron Sorkin, guionista de la serie de televisión The West Wing y de la destacable Facebook (David Fincher, 2010), utiliza de nuevo su visturí para escudriñar los entresijos del capitalismo, centrándose en esta ocasión en el mundo del béisbol americano que le sirve de excusa para realizar su diagnóstico. Una historia con trasfondo deportivo, pero sin apenas secuencias deportivas.
Con lo que nos vamos a encontrar es con discusiones en vestuarios cochambrosos, reuniones de hombres de negocios que despliegan toda su malicia para conseguir sus objetivos y peleas estratégicas en despachos y en salas situadas en los subsuelos del estadio donde se juegan los partidos. Ahí es donde Sorkin despliega su oficio y nos apabulla con su profundo conocimiento de los engranajes del sistema que analiza. Eso sí, en esta ocasión no llega a la mordacidad y el ingenio conseguidos en el guión de Facebook. Para alguien que no conoce la jerigonza del béisbol, como es mi caso, puede haber ocasiones en que se pierda entre tanto base y pitch, pero la idea esencial es muy simple. El capitalismo es un sistema basado en el poder del dinero. Injusto porque pone difícil el éxito para quienes no poseen los recursos necesarios para competir con los que sí los tienen. Pero a partir de esa premisa, Sorkin se propone desmitificar ciertos lugares comunes y mostrarnos la existencia de atajos que conducen al éxito. Nos muestra que esos caminos están escondidos, pero que con audacia se pueden encontrar. También que la creatividad es un arma poderosa, más si va acompañada de una buena dosis de fortuna. El director deportivo de un club mediano de béisbol, una antigua promesa nunca cumplida del deporte, llamada Billy Beane e interpretada por Brad Pitt, se enfrenta a una nueva temporada con la pérdida de sus más importantes jugadores que se han marchado ante la llamada del dinero, ofrecido por otros clubes más fuertes. Para reemplazarlos necesita una fuerte inversión que los dueños del club no están dispuestos a realizar. Ante eso, Billy Beane tira de ingenio e intenta encontrar la manera de construir un equipo ganador. En su camino se cruza un estudiante de económicas cuyas ideas sobre el deporte, basadas en cálculos estadísticos, seducen al director. Usando dichos cálculos contratan a jugadores, que a pesar de sus buenos registros, están devaluados y tienen una ficha de saldo. El equipo despega después de unos inicios desastrosos y consigue un récord en victorias.
A la película le falta un punto de fuerza dramática, pero resulta interesante la reflexión que realiza sobre el sueño americano. El sistema está montado de una manera tramposa y el éxito parece reservado para los que tienen buenas cartas. Sin embargo, todavía es posible subvertir las reglas establecidas para sobresalir, a pesar de que ya no es suficiente con el esfuerzo y la ilusión.
viernes, 10 de febrero de 2012
Drive
Nicolas Winding Refn, 2011.
Al igual que pasaba en su película anterior, la también reseñada en este blog Valhalla Rising (2009), en Drive el protagonista es un (anti)héroe taciturno, de pocas palabras, violento, pero capaz de sacrificar su propia vida para proteger a seres indefensos. En aquella, el guerrero de un solo ojo protegía a un muchacho, en ésta el protagonista lucha por una mujer y su hijo pequeño. Con una puesta en escena original y atractiva, y una estupenda banda sonora, el director danés nos cuenta la historia de un especialista de cine que además de rodar escenas de acción con coches, trabaja en un taller y, ocasionalmente, acepta encargos de conductor para sacar a delincuentes y mafiosos de la escena del crimen. Al intentar ayudar al marido ex convicto de su vecina, con la que ha establecido una relación sentimental, se ve inmerso en un asunto feo con la mafia.
Nicolas utiliza los códigos del género con gran soltura y sabe llevarlo a su terreno para construir una obra personal. Su protagonista vuelve a ser un joven solitario e introvertido, cuyo comportamiento, en los márgenes de la sociedad, es éticamente dudoso, pero, al mismo tiempo, loable, al ponerse del lado de los débiles. Su aparente frialdad y tranquilidad contrastan con las explosiones de violencia sanguinaria que no es capaz de controlar y que son al mismo tiempo, su salvación inmediata y su condena futura. La cazadora que lleva con un escorpión bordado en la espalda marca el destino trágico que le espera. El mismo que el de la fábula del escorpión y la rana, mencionada por uno de los personajes. Y es que el director parece convencido de la cita de Heráclito, "el carácter es el destino".
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