miércoles, 23 de enero de 2013

Salvajes

Savages
Oliver Stone, 2012.




Aunque puede que sea una de las mejores películas de Oliver Stone desde Giro al Infierno (1997), sigue estando lejos de obras como Platoon (1986), Wall Street (1987), Nacido el Cuatro de Julio (1989) o JFK (1991). 

Tres veinteañeros guapos y vigorosos que mantienen un triángulo amoroso bien avenido, se dedican al contrabando de una hierba de una calidad excelente que consigue abrirse un hueco en el mercado dominado por los carteles mexicanos. Cuando estos ven amenazados su negocio deciden comprarles el suyo. Pero las negociaciones salen mal y la violencia se desata. La película consigue sus mejores momentos con la impresionante presencia del sicario interpretado por Benicio del Toro. El resto de la película se ve como un espectáculo frívolo, entretenido, pero un tanto artificioso, falto de realismo. De hecho, Stone parece más preocupado por los mecanismos del relato en sí, que en conseguir convencer al público. De ahí ese final tramposo, que nos hace replantearnos toda la película como un juego metanarrativo.  

miércoles, 16 de enero de 2013

A Roma Con Amor

To Rome with Love
Woody Allen, 2012




Desde que Woody Allen hace películas como excusa para hacer turismo y pasar buenos ratos en compañía de su familia, su cine se ha reblandecido, ha perdido su fuerza. Sus últimas películas siguen tratando los mismos temas y sus personajes continúan deambulando en un laberinto de pasiones muy reconocibles, pero todo ha tomado un cariz más artificioso, menos punzante. Ahora parece que el genial director se ha pasado a los cuentos, a las fábulas inocuas, donde nada se pone en juego, simplemente observamos a sus criaturas flotar por ambientes de ensueño, como si ya no fuesen a sentir dolor. El sufrimiento escondido detrás de esa mirada irónica de antaño se ha ido transformando en un paseo por recuerdos edulcorados. De ahí ese personaje maduro, el arquitecto que se reencuentra con su álter ego y observa con resignación lo que le ocurre. La película es entretenida pero se echa en falta el sarcasmo más ácido de un cirujano que ya no quiere que le salpique la sangre.

jueves, 10 de enero de 2013

El caballero oscuro: La leyenda renace

The Dark Knight Rises
Christopher Nolan, 2012.

 




La última parte de la trilogía dedicada al hombre murciélago no me ha apasionado. Como muchas de las películas de Nolan, me deja una sensación de hastío ante tanto despliegue grandilocuente. La megalomanía de este director, su ambicioso trabajo narrativo, su espectacular puesta en escena, me resultan vacíos. Quizás se toma tan en serio que acaba aburriendo. Además no deja de ser una vuelta de tuerca más al género, eso sí, dándole una solemnidad que otorga a la película un peso ridículo. Para al final contar lo de siempre: un malo que tiene una bomba con un reloj en cuenta atrás y un héroe que llegará a tiempo para salvar a una ciudad entera. Pues vale.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Prometheus


Ridley Scott, 2012.

La precuela de Aliens, rebosante de efectos especiales y de un gran despliegue técnico, me resultó grandilocuente e insulsa. No era suficiente con volver la vista atrás a una película que en su día revolucionó el género.  De la criatura de mandíbula desplegable poco veremos. Los grandes temas, como la búsqueda de los orígenes del hombre, empañan la historia y la diluyen en algo impreciso, vacío.  




sábado, 17 de noviembre de 2012

Diamond Flash

Carlos Vermut, 2011.


Sorprendente primer largometraje de Carlos Vermut, un director independiente que ha demostrado a la industria del cine español que con muy pocos recursos se pueden hacer películas estimulantes.  


La película se despliega en múltiples direcciones utilizando y subvirtiendo distintos géneros y con vertiginosos cambios de tono. El guión está construido milimétricamente, pero en ningún momento se hace evidente. Vermut evita los diálogos explicativos, prefiere sugerir, acercarse a sus personajes desde los detalles que los convierten en gente de la calle. Los actores, todos desconocidos, realizan un trabajo asombroso gracias a una dirección obsesiva, que se olvida de la perfección técnica, para centrarse en que las actuaciones resulten convincentes. La historia es lo de menos, lo importante es cómo se cuenta. Una niña desaparece. Su madre, desesperada, busca una fotografía de ella para poderla entregar a la policía y que puedan iniciar la búsqueda. A partir de este punto de inicio se van desarrollando distintas tramas que tienen alguna conexión con la primera y que nos conducen por una montaña rusa llena de angustia, de maldad y de una ironía oscura difícil de olvidar. 

jueves, 8 de noviembre de 2012

Skyfall

Sam Mendes, 2012



Aburrida, ridícula, laaaarga. Y encima pretenciosa. Un guión que pretende recuperar los ingredientes originales de la serie, actualizándolos a través de una trama donde el malo actúa desde la sombra a través de la red. La dirección de alguien como Sam Mendes pretende darle un toque de autor que lo único que consigue es sumergir la película en un terreno incierto, a medio camino entre la diversión y la solemnidad más absurda. Las referencias a otras obras como El silencio de los corderos o Perros de Paja no funcionan ni como homenaje ni como fuente de inspiración. Más bien parecen una copia burda por falta de ideas originales. Por otro lado, el personaje de Javier Bardem se desborda en su histrionismo. Loco, gay, hacker, gentleman, espía resentido, genio del terrorismo, demasiados ingredientes que resultan en un plato indigesto.


lunes, 15 de octubre de 2012

Cosmopolis

David Cronenberg, 2012



La gente se marcha de esta película y los que aguantan lo hacen con risas de incomprensión o de incredulidad. No es una película fácil, se desarrolla prácticamente de principio a fin dentro de una limusina y los diálogos son enrevesados, con múltiples tecnicismos y un estilo frío y deshumanizado. Sólo se puede disfrutar de esta obra si se está dispuesto a verla sin prejuicios, como una metáfora de un sistema capitalista en decadencia, donde nadie comprende exactamente los movimientos fluctuantes del mercado, donde decisiones realizadas en un pequeño despacho afectan a toda la economía global. 












Fiel a la novela homónima de Don Delillo, Cronemberg pone imágenes a una historia que supo preveer con bastante antelación -fue escrita a principios de la década anterior cuando todavía no había estallado la tormenta financiera- los derroteros por los que deambula el mundo actual. Es una película de diálogos, casi teatral, donde la acción ocurre fuera de plano, en un escenario del que los protagonistas huyen, aislándose en su burbuja de riqueza y cinismo. El protagonista, el joven multimillonario Eric Packer, representa el (anti)héroe de ese mundo financiero complejo. El viaje que realiza en limusina por las calles de Manhattan para cortarse el pelo, es un viaje en busca de sus orígenes. Eric es un muchacho que ha perdido el contacto con la realidad, que vive las relaciones con los demás como meros intercambios contractuales, incluyendo sus relaciones sexuales. Sus conversaciones tienen algo de profundamente extraño, tristes y vacías, abstractas como sus gustos pictóricos y el mundo telemático en el que mueve su capital. Hay algo en su interior que se rebela y grita por resurgir, de ahí esas reacciones extrañas, violentas e incluso autodestructivas. 

Por lo tanto, a pesar de una engañosa frialdad y un ambiente enfermizo, de ese silencio despreocupado que hay dentro de la limusina mientras la ciudad arde y se desangra detrás de los cristales, hay una fuerza latente que lucha por devolver todo a su cauce normal, por recuperar la esencia. En esa tensión subterránea se agita una película que se pasea por el abismo con una lucidez nada complaciente.